Thursday, June 16


Pese a que constantemente están apareciendo casos en los medios de comunicación (la última semana el director de un IES en Granada fue agredido por un padre y el lunes pasado una profesora sufrió la amputación de un dedo por parte de una alumna)y a la "alarma" generalizada que genera, los expertos y las estadísticas coinciden en que la violencia escolar contra los profesores es algo excepcional.
Pero a diferencia de lo que ocurre con el fenómeno del "bullying", hay pocos estudios que analicen las agresiones padecidas por los profesores en los centros. Según las encuestas, el mayor número de casos de violencia o de conflictividad en las aulas se produce "entre iguales", entre alumnos. Sin embargo, también el profesorado resulta a veces ser la víctima, las manifestaciones más comunes del acoso ejercido contra los docentes son las agresiones verbales -insultos- el pasotismo y la indiferencia.
Todas estas incidencias aunque sean puntuales y minoritarias no pueden despreciarse porque van minando la salud de sus víctimas, el síndrome del profesor quemado ("burnout") empieza a convertirse en un problema preocupante.
Varios factores influyen en este desgaste del profesorado, como tener que sufrir las burlas continuas de los alumnos en un contexto de pérdida total del respeto y autoridad o el tener que soportar la provocación y el reto constante de algunos estudiantes que solamente pretenden extorsionar la clase. Es posible que en estos casos no existe un temor real a la agresión física, pero estos insultos, esta indiferencia, estas amenazas pueden derivar en muchos profesionales de la enseñanza en cuadros de estrés, ansiedad, fatiga y sobre todo en una gran frustración acompañada de depresión más o menos severa, que son la causa de más del 20% de las bajas laborales en este sector.

Aunque como apuntaba antes los casos de violencia contra los profesores sean puntuales, últimamente da la sensación de que se está produciendo una creciente conflictividad en los centros educativos con lo que el profesorado tiene cada vez más dificultad para desempeñar con calidad sus tareas docentes, parece que el alumnado es inmune ante cualquier acto que atente contra la institución o contra los propios docentes.
Los alumnos se agreden unos a otros (ya he tratado ampliamente este tema del bullying con anterioridad), los profesores sufren constantes ataques por parte del alumnado y ni las comunidades educativas ni los consejos escolares ni los reglamentos de régimen interno son capaces de poner remedio y reconducir esta situación.
Bien es cierto que el problema de la indisciplina no es nuevo para los sufridos docentes que desde hace tiempo se vienen enfrentando con problemas de convivencia en los centros y encontrando poca respuesta a sus quejas por parte de las administraciones educativas y de los mismos padres que creen que los casos de indisciplina y falta de respeto se deben a la debilidad, inexperiencia y a veces escaso interés de los profesores.

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