Wednesday, November 25

El antes y el ahora


Creo que no son necesarias muchas palabras, estas viñetas ilustran claramente la transformación que ha experimentado la enseñanza y la sociedad española en las últimas décadas.
La violencia de baja intensidad es uno de los principales problemas a los que nos enfrentamos los profesores en nuestras aulas. Son agresiones leves como insultos, desprecios, desplantes, descalificaciones, desobediencias que nos van minando y que a veces desmotivan y desestabilizan psíquicamente a muchos docentes.
Si hacemos una pequeña historia de la enseñanza en nuestro país nos daremos cuenta cómo hemos llegado a esta situación.
Cuando en 1970 se promulgó la Ley General de Educación, establecía la enseñanza obligatoria hasta los catorce años y fomentaba además los valores cívicos como la solidaridad, el respeto, la generosidad, el esfuerzo y la responsabilidad.
La Logse en 1990 alargó la obligatoriedad de la enseñanza hasta los dieciséis años pero con un sistema que no favorecía ni promovía una actitud activa, esforzada y responsable de los alumnos. Se reducían los contenidos, se eliminaba el esfuerzo individual y la promoción era automática. Ya no estaba bien visto el enseñar valores y llegaron los "objetores escolares", alumnos obligados a permanecer en clase desinteresados, desmotivados y que sólo se dedican a molestar a los demás.

Al mismo tiempo, la sociedad ha ido evolucionando en algunos aspectos e involucionando en otros, digamos en la pérdida de respeto y responsabilidad. Unos jóvenes que no son respetuosos consigo mismos ni con los demás. Antes era habitual el intentar parecer una persona educada, culta y refinada. Aceptábamos la autoridad de cualquier persona mayor que podía reprendernos sin temor a la reacción de nuestros padres que seguramente le darían la razón. Éramos educados por todos, no solamente por nuestros padres y profesores. La urbanidad no era un esnobismo sino una forma de relacionarse con respeto.
Actualmente, no hay más que ver la televisión para cerciorarnos de que lo que prima es el vociferar, el hacer alarde de grosería y de una incultura supina. Tanto en las clases como en la calle hemos pasado del respeto (no miedo) al desprestigio y la mofa.
A ver quién se atreve a reprender una conducta inadecuada a un niño. Primero el niño se te rebota con gran descaro y te mandan "a que te pique un pollo", por no decir "a que te folle un pato loco" o lindezas por el estilo. Y los padres no se quedan atrás; te recriminan, en el mejor de los casos, con qué autoridad te dignas reñir a sus retoños sino llegan a más.

2 comentarios:

Ñoco Le Bolo said...

• con la mirada atenta...

Un comentario debe ser sintético por o que es difícil una respuesta suficiente. En líneas generales, el problema no está tanto en las leyes como en la evolución de la sociedad, en sus usos y costumbres, en el cambio de modelos y valores. Y encontramos unos nuevos padres que, con otras necesidades y prioridades, no 'invierten' en sus hijos. Se incuba el huevo de la serpiente. Si es cierto que la institución escolar se encuentra desorientada y desarmada ante nuevas exigencias y falta de apoyo social.
Y lo peor, no parece que el péndulo haya alcanzado todavía su punto más alto.

• HHK
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CR & LMA

Marina said...

Espero que te equivoques Ñoco...aunque en mi interior sé que no.

Un beso guapa.
L.Y.